sábado, 16 de abril de 2011

Hamlet de William Shakespeare

El ejercicio de lectura de la obra de Shakespeare, proporciona elementos literarios que ya no son comunes en la actualidad, propician de igual manera la lectura de un texto duro que en procedimiento léxico es complicado para la adecuación de los elementos referencias a los que debe lugar la mente y la sintonía habitual del conocimiento.

Para muchos la obra se centra en el contexto de la traición y engaño entre familiares de sangre cercana que en este caso son los hermanos, literariamente hablando el ejercicio de prosa y la conjugación metafórica de los elementos es lo que en realidad propone un verdadero sentido al lenguaje hablado y escrito de la época y del contexto social, de clase e ideológico que engloba la obra como tal.

De tal forma que dichos elementos centrados en la narración proponen un sentido estricto de particularidad en la referencia de los actos provistos en la escena, uno puede imaginar a los personajes desde un punto de vista nada fantástico, sino como personajes humanos, vicerales y sentimentales; tan humanos como el mismo rencor, el egocentrismo y como la misma hipocresía. Elementos adecuados en el sentido más real y feroz que puede una persona imaginar. Parte de esa misma particularidad es la que engloba el pensamiento del mismo autor, el despecho, el amor imposible, el deseo de venganza, la ruptura emocional de los principales actores y el sentido de conexión con la imagen de una familia particularmente desunida. Así como en muchas de sus obras, ésta de Hamlet, propina en el ojo del lector la posibilidad de explicar con juegos la mente retorcida de los seres humanos, los deseos más bajos y caracterizar así una metáfora de la humanidad que llena de opiniones juzgatorias, poco sabe o ve de uno mismo.

Hamlet es una obra de material crudo en el sentido de poco observar la realidad, se entiende por la época en la que se escribe, en la que se juzga y en la que poco se sabe en realidad del habla, el ejercicio metafórico del lenguaje de igual manera contribuye a la simple explicación de los acertados desgajes de intelectualidad en la clase alta de la monarquía Danesa. No olvidando interactuar con el exterior evitando la lejanía de los lugares con la de las personas, disminuyendo así los pasos largos que se incrementan por mera aceptación capitalista de los viajes y aculturación del exterior.

La traición parte como tangente y punto elíptico para poder ver los errores de los demás como propios y de igual manera confesar los deseos que muchos o pocos hemos tenido con relación a los demás, a sus cosas, a sus actos y así propinar siempre una opinión; que acertada o no, es la misma opinión que todos hemos tenido de alguien más.

Es por eso que juzgar a alguien como con delirio de locura es más fácil que aceptar los errores que hemos propinado a nuestro andar así como la interacción que dejan ellos con los demás, pues cabe resaltar, que es más importante entender que como miembros sociales, poco estamos alejados de la relación y de que los actos propios afectes a muchos otros.

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